
En su poemario Amores Árticos, el dramaturgo y poeta Diego A. Tejada Gamboa nos entrega una obra profundamente introspectiva que explora las grietas de la memoria, el desamor y la soledad inevitable. Escribiendo desde la geografía viva de Iquique —donde el paisaje del mar conversa con el desierto—, el autor logra proyectar ese contraste entre lo árido y lo helado hacia una dimensión interna.
El hielo como metáfora del alma
Desde la dedicatoria inicial («A todos mis amores que hoy se han cubierto de hielo»), el poemario establece una atmósfera marcada por la distancia afectiva y la congelación de los afectos. A través de versos que transitan entre la primera noche y una «noche final», la voz poética cuestiona el sentido de permanecer y no olvidar, advirtiendo cómo el recuerdo puede convertirse en un peso insostenible («explícame el sentido que tiene no olvidar, / el recuerdo se vuelve tedio y lo arruina todo…»).
El frío se manifiesta como un elemento que abrasa tanto como quema: paredes blancas de adioses congelados, ausencias marcadas por la falta de respuesta y desiertos nocturnos que emulan el vacío de un alma lejana.
Dualidad entre carne, deseo y ausencia
A lo largo del índice —con poemas como Sismo, Iceberg, La realidad de los inviernos, Sucio y Deseo muerto—, Tejada Gamboa teje una constante tensión entre el deseo físico y el cansancio emocional. Hay en sus versos una confrontación entre la voluntad y la carne, donde los abrazos, las fantasías y las huellas de otros amantes dejan cicatrices visibles e invisibles.
Poemas emblemáticos como Quedarme contigo o Cuando te veo (noche final) sintetizan la paradoja central de la obra: el impulso irreprimible de buscar al otro y, al mismo tiempo, la certidumbre de que ese encuentro deriva en derrumbe o en una «prisión» de expectativas no cumplidas.
Una voz que respira y persiste
Fiel a su trayectoria en la dramaturgia y la poesía, Diego A. Tejada Gamboa utiliza un lenguaje lírico caracterizado por combinar la belleza expresiva con la herida abierta. Su escritura habita en los rincones del insomnio, la espera y la búsqueda constante de paz y sentido en medio de la tormenta o el silencio (Amuki).
Amores Árticos es, en definitiva, una invitación a recorrer las carreteras invisibles del dolor y la reconciliación con la propia soledad. Una obra indispensable para quienes buscan en la poesía un refugio honesto frente a las batallas nocturnas y los inviernos del corazón.
