TRENZA

En el panorama dramatúrgico del norte chileno, Trenza se erige como un monólogo directo, punzante y profundamente sensible que explora los pliegues de la identidad, la aculturación y las tensiones del progreso.

A través de la voz de Naira («la de los ojos grandes»), la obra sitúa al espectador en la encrucijada vital de una mujer originaria del pueblo de Huarasiña que ha migrado a la costa urbana de Iquique. En medio del dinamismo comercial de la Zofri, las exigencias de consumo y los estándares impuestos por una sociedad marcada por el centralismo y el prejuicio, la protagonista expone la constante labor de ocultar sus raíces: los lentes de contacto color miel, la base clara sobre la piel y la renuncia al pasado como costo para sobrevivir en la urbe.

Sin embargo, el relato trasciende la mera denuncia social para adentrarse en la intimidad de los afectos. Entre el recuerdo tenue de la madre (Petro), el amor distante de la infancia (José) y la nostalgia del paisaje del interior, la narradora desentraña las contradicciones de su propia negación y el peso del arraigo.

El elemento central —la trenza— se transforma en un tejido simbiótico que entrelaza la memoria personal y el legado milenario. Lejos de ser solo un peinado o un adorno, la trenza opera como un código, una armadura y una lanza colectiva con la cual resistir a la invisibilización y dignificar la historia indígena que el centro del país suele postergar.

Con una prosa de gran aliento poético y un ritmo dramático vertiginoso, Diego A. Tejada Gamboa ofrece una pieza imprescindible para reflexionar sobre el territorio, el género y la memoria en el Chile contemporáneo.