
¿Por qué miras así…?
La última vez que estuve en el interior supe que nunca más volvería, tomé mis últimas pertenencias, un bolso de lana que conservaba desde pequeña, herencia de mi madre. La vieja Petronila, ella, la que no le importaba que el sol se le tatuara en el rostro, la que podía soportar pesos increíbles, más el mío no pudo soportarlo, ni en su espalda ni en sus hombros… salí tan rebelde como los días de verano en aquel pueblo.
En mi bolso sólo puse una foto de ella, dos aros, los cuales me pusieron al nacer y nada más, nada más porque en Iquique tenía de todo, hice sólo un último acto, compré una flor y se la entregué a mi madre, no sé si lo agradeció, escuché su voz tenue hasta en el enojo, sólo la tomó con sus manos frías, yo me despedí.
